ANTICUERPOS MONOCLONALES

El sistema de patentes resulta especialmente eficaz en la promoción de la innovación en el sector farmacéutico. A lo largo de su historia ha incentivado la invención de nuevos medicamentos que han contribuido a la mejora en el nivel de vida y en la longevidad que se ha experimentado a lo largo de las últimas décadas.

La invención que protagoniza esta entrada es un ejemplo de invención revolucionaria dentro del sector farmacéutico, aunque como veremos, inicialmente no se patentó. Se trata de los anticuerpos monoclonales, que actualmente se emplean para combatir numerosas enfermedades.

Aunque cada vez es más complicado atribuir la paternidad de una invención a un inventor o un número reducido de inventores, dada la complejidad de la investigación de laboratorio, que suele involucrar a numerosos científicos, en esta ocasión, hay consenso en que se puede atribuir la invención a los científicos César Milstein (Argentina) y George Köhler (Alemania). los cuales trabajaban en el laboratorio de biología molecular de Cambridge. Ellos desarrollaron en 1975 la técnica hibridoma, la cual permite producir grandes cantidades de anticuerpos idénticos o “anticuerpos monoclonales”. Se procede a exponer ratones de laboratorio a los antígenos contra los que deben actuar los anticuerpos. Se generan células B o linfocitos B que se fusionan con células cancerígenas de mieloma. Las células resultantes que generan los anticuerpos deseados se clonan, se multiplican en cultivos en grandes cantidades, de ahí el nombre de anticuerpos monoclonales. Debido a la intervención de ratones en la obtención, se denominaban anticuerpos quiméricos. Actualmente ya es posible la obtención de productos totalmente humanos, reduciendo así las posibilidades de rechazo por el sistema inmune del paciente.

César Milstein y George Köhler lograron el premio nobel de medicina en 1984 por su invención, que puede considerarse una de las más importantes en el campo de la biotecnología en las últimas décadas. Sin embargo, y aunque parezca sorprendente, nunca fue patentada. El “British Medical Research Council” alertó al organismo público encargado de presentar solicitudes de patentes sobre investigación realizada en centros públicos, el National Research Development Corporation (NRDC)  pero éste decidió no presentar patente alguna y por tanto el artículo sobre el procedimiento de obtención de anticuerpos monoclonales se publicó en Nature. Esta falta de patente tuvo repercusiones políticas. En 1980 la primera ministra británica Margaret Thatcher (que tenía una licenciatura en química) visitó la Universidad de Cambridge y tuvo que escuchar dos historias sobre dos casos catastróficos en los que los resultados de la investigación no se habían patentado, renunciando a cuantiosos ingresos. Uno de ellos era un intensificador de imagen desarrollado por el Observatorio de Radio Astronomía MRAO y el otro la invención relacionada con los anticuerpos monoclonales en el laboratorio de biología molecular. Parece que las noticias le provocaron un serio enfado y probablemente influyeron en la desaparición del NRDC que se fusionó con el “National Enterprise Board” en 1981 para dar lugar al British Technology Group, nuevo organismo encargado de gestionar la transferencia de tecnología generada por la investigación pública británica. De cualquier modo, se afirma que Milstein no lamentaba la falta de patente, pues supuestamente ello le había dado más libertad para continuar con la investigación.

Cabe preguntarse qué habría ocurrido si esa invención hubiera sido protegida mediante patente. Quizás las arcas británicas habrían obtenido cuantiosos ingresos, pero ¿se habría retrasado el avance tecnológicoen el desarrollo de este tipo de medicamentos? Algunos profesionales afirman que patentes sobre innovaciones muy disruptivas han tenido ese efecto en el pasado en la aeronáutica o la impresión 3D y quizás en la edición genética.

La primera patente GB2039948B sobre tecnología destinada a la obtención de anticuerpos monoclonales se publicó en 1980, a partir de una prioridad británica.

En esa primera patente se protege un método para la obtención de anticuerpos monoclonales contra antígenos tumorales.

El primer anticuerpo monoclonal que se autorizó fue el Rituximab, en 1997, contra el cáncer, en concreto contra linfomas no Hodgkin. También se emplea contra la artritis reumatoide. El gran éxito de los anticuerpos monoclonales ha tenido lugar en el tratamiento de enfermedades inflamatorias autoinmunes como la artritis reumatoide, la psoriasis y las enfermedades inflamatorias intestinales. Asimismo, también se han desarrollado otros destinados a combatir enfermedades infecciosas.

Estructura del Adalimumab. Fuente: Wikipedia

En los últimos años la investigación se ha centrado en el desarrollo de anticuerpos monoclonales más estables, seguro, eficaces y específicos. En este enlace se encuentra una lista de los distintos anticuerpos monoclonales disponibles en la actualidad. Algunos de estos productos se han convertidos en grandes éxitos, como por ejemplo el Adalimumab, de nombre comercial Humira y del tipo anti-TNF, es decir, inhibidor del Factor de Necrosis Tumoral, que ha permitido alcanzar la remisión a millones de pacientes con enfermedades autoinmunes. Asimismo, este medicamento ha sido un gran éxito comercial para la empresa innovadora que lo desarrolló Abbvie. Aunque los precios de estos medicamentos son muy elevados, y la vida de las patentes se prolonga haciendo uso de diversas técnicas, ya se están comercializando biosimilares lo que ha permitido una reducción en el precio del Adalimumab.

En este tipo de medicamentos, biológicos, no se habla, a diferencia de lo que ocurre con otros productos farmacéuticos, de genéricos sino de biosimilares. Los medicamentos genéricos son moléculas obtenidas de forma sintética y mediante reacciones químicas idénticas a las originales. En el caso de los productos biológicos, la estructura es muy compleja y no se pueden conseguir medicamentos “idénticos” sino biosimilares, es decir, productos biológicos que han demostrado una actuación similar en términos de calidad, eficacia y seguridad. La obtención de productos biosimilares es mucho más compleja que la obtención de “genéricos”. Es preciso más tiempo y realizar una mayor inversión.

Indudablemente se ha tratado de una gran invención que ha contribuido a aumentar la calidad de vida y la longevidad de millones de personas afectadas por diversos tipos de enfermedades.

Leopoldo Belda Soriano

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